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Liberemos nuestros cauces

A menudo se hacen plataformas para reivindicar derechos o denunciar actitudes que atentan contra el derecho fundamental y el sentido común. Creo que también los que amamos la naturaleza y que además nos sentimos especialmente ligados a sus cauces tenemos derecho a manifestar lo que consideramos un ataque directo a nuestro patrimonio natural y al derecho de conocimiento, de difusión y de protección del mismo.

Actualmente la figura de Parque Nacional, así como la de Patrimonio de la Humanidad (UNESCO) son catalogaciones que en su día implantó el hombre con el ánimo de proteger nuestra naturaleza de sí mismo. Es fácil entender que los intereses de la adminstración casi nunca han ido ligados a los intereses ecológicos y ese es el verdadero fundamento de estas regulaciones. Es decir, la Unesco no protege los montes de los montañeros, sino de las administraciones y sus especulaciones, de sus caminos, de su urbanismo y de sus negocios a pie de montaña, de río y de mar. Es por ello que no entendemos porqué la administración aprovecha este tipo de regulación para prohibir a los montañeros disfrutar de la naturaleza en cualquiera de sus dimensiones. Pues es un acto de hipocresía el hecho de hacernos creer que somos nosotros el peligro y el objeto de las mismas.

Así pues, los Parques Nacionales de Ordesa y Monteperdido, de Aigües Tortes, así como de Picos de Europa han incluido dentro de sus prohibiciones la práctica del barranquismo, un deporte cuyo objetivo fue desde un principio la exploración y difución del medio. Hasta hace poco, los cauces estaban inexplorados por la inexistecia de una formación específica y segura. Hoy en día España se erige como cuna del barranquismo en todo el mundo y es el foco de atracción de cientos de exploradores que vienen a nuestro pais a descubrir nuestras gargantas.

Sin embargo, la actividad también ha derivado en un aspecto menos deportivo, del cual se está nutriendo ampliamente el sector turístico a través de actividades de "aventura" con un marcado componente lúdico.

Los barranquistas que venimos de la montaña y de la espeleología no compartimos esta forma de entender los barrancos y pese a que defendemos la difusión del medio y el acceso de cualquier persona, reivindicamos nuestra consideración como deportistas y montañeros. No porque alguien vista un neopreno y lleve un arnés, podemos considerarlo barranquista, de la misma manera que no porque alguien lleve unas botas y una cantimplora, es un montañero. Nuestro fin se justifica en que la difusión y el conocimiento del medio forma parte de nuestra cultura y es un recurso fundamental para poder detectar los problemas de nuestros escosistemas, ya que son los cauces de los barrancos auténticos termómetros biológicos. Así pues los barranquistas somos en nuestro medio especialistas, y como tales sentimos la obligación de defenderlo de sus amenazas que en contadas ocasiones proceden de los propios barranquistas y que en su mayoría vienen del exterior en forma de vertidos urbanos, purines, infraestructuras, acondicionamientos turísticos, la masificación, etc, etc, etc…

Por eso sentimos como una ofensa y como una burla estas prohibiciones que ya en su redacción demuestran el total desconocimiento del medio. Una muestra de ello es la existencia de prohibicion del barranquismo en zonas donde ni si quiera existen barrancos, o el de englobar la actividad dentro del grupo de deportes acuáticos, cuando muchos cauces son secos (pueden serlo la gran mayoría en las áreas más meridionales) o simplemente se congelan en invierno.

Si dentro de una montaña, regulamos con una protección más revera los cauces, es porque el mismo debe ser considerado al margen de su entorno, por sus características propias y su sensibilidad ante alteraciones antrópicas. Pero entonces… ¿porque no se aplica esta misma regla al resto de nuestros cauces? ¿A caso ríos como el Vero no merecen ser tratados al margen de su entorno (que de por sí es admirable) y gozar de la misma protección que estos cauces que por estar dentro de los límites de una parque nacional sí “disfrutan”? ¿A caso el impacto medio ambiental y sus consecuencias no son igualmente graves? Es fácil la respuesta, pero es la propia administración quien con su doble moral permite la masificación de sus cauces, acondiciona parquings y publicita el barranco como objeto turístico de obligada visita. Las claves para entender todo esto tienen un punto de encuentro en algo que llamamos Euro. Porque el Vero mueve toda una economía de turismo activo, al igual que los descensos cercanos y de fácil acceso, ideales para meter a turistas en su interior. Estamos hablando de cientos de personas al día con el consiguiente impacto natural.

Así pues, vemos con impotencia como un mismo medio, con una misma riqueza natural y un patrimonio digno de las más estrictas medidas de conservación, es aniquilado por la sobreexplotación y por una masificación amparada y fomentada por la misma administración que prohibe los descensos dentro de los parques nacionales. Estos últimos no están al alcance de todo el mundo pues no son viables para el turismo activo y exigen de nivel técnico y un profundo conocimiento de la disciplina y del medio que lo rodea. Son barrancos que jamás se verán amenazados por la masificación… por eso mismo, son barrancos que no van a dar dinero.
¿Como podemos entender que no se permita la práctica del barranquismo dentro de un parque nacional y se permita la masificación fuera de ellos? De nuevo la respuesta está en el Euro. Abrir las puertas del barranquismo supone un gasto porque exige de una gestión adicional. Es muy cómodo prohibir un descenso, ampararse en el ánimo de protección y de esa manera sacudirse los problemas de gestión que la actividad podría ocasionar. Pero no olvidemos que el Parque y su Dirección es un órgano gestor y que su misión es precisamente esa, la de gestionar, la de trabajar para permitir a todo el mundo el acceso a estos espacios sin que ello suponga una amenaza para el entorno. Para eso les pagamos. Así pues lo único que pedimos es que la administración cumpla con su obligación y que no se escude en estas medidas, pues todos sabemos que no son cruzados de la ecología y que basta con ver un Euro sobre la mesa para que cambie su actitud. Que no nos engañen ni confundan.

Los cauces son bestias en letargo. Muchos entran en crecida varias veces al año, se congelan o en el estío, se secan. Parajes como Ordesa están sometidos a ciclos de extremos y es difícil entender que el paso de un ser humano deje cualquier huella que no sea capaz de borrar una avenida. Sin embargo, no es nuestra la capacidad ni la obligación de realizar un estudio de los cauces y su posible impacto medioambiental, sino de la propia administración la cual, pese a hacernos creer que está profundamente sensibilizada, no ha sido capaz en 20 años de elaborar un informe serio que justifique una prohibición tan severa y que limita varios de los derechos fundamentales de los ciudadanos, entre los que se encuentra el derecho a defender nuestro patrimonio natural y cultural.

Por ello se redacta esta carta. Nadie entendería que un montañero fuera una amenaza para una montaña, de la misma manera que un barranquista no lo es para un cauce. Ambos nos movemos en un medio que consideramos fascinante y lo defendemos con el mismo entusiasmo. Es hora ya de reivindicar un cambio en la actitud hacia los barranquistas, pues desde hace tiempo que venimos soportando la humillación de sentir que el mundo nos mira como si fueramos una amenaza. Ya está bien soportar como una adminstración habrienta de especulación nos dice cómo debemos conservar nuestro medio. Ya está bien...

Pues si los cauces deben estar protegidos, somos los barranquistas los primeros ya no en respetarlo, sino en defenderlo.

Por la liberación de nuestros cauces
PD: Si estás conforme con lo que aquí se dice, por favor, difunde esta carta.

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